
¡Buenas! Este post es distinto a lo habitual, algo un poco más técnico: no os vengo a hablar de dibujo, sino de materiales. En concreto, de anilinas.
Quizá recordéis que estoy haciendo un cómic para Fandogamia. Se llama Curso de cocina para exdioses, va por la mitad maomeno y lleva detalles de acuarela, que luego escaneo y pongo en el cómic. Para poder usar los mismos colores de forma consistente decidí tirar de acuarelas líquidas, también llamadas anilinas.

Son fáciles de mezclar (te apuntas cuántas gotas de cada y te sientes un alquimista de baratillo) y tienen unos colores preciosos. Pero en todas partes veía que recomendaban usarlo sólo para ilustraciones que se fueran a escanear y nunca para originales, porque ‘el color no resiste a la luz y se degrada’.
Vale, mi cómic está fuera de peligro, pero aún así me pregunté… ¿cuánto se degrada?
Y decidí hacer la ciencia.
Cogí un papel de técnica mixta y le puse muestras de los colores de anilina que tenía a mano. Usé tanto anilinas de gama alta (Dr Ph Martin’s) como anilinas asequibles (Ecoline), por si había alguna diferencia. De ambas marcas puse tanto colores pastel como saturados, por lo mismo: normalmente los colores saturados se estropean antes, y la ciencia hay que hacerla bien.

Luego hice una copia exactamente igual. Una la pegué a la ventana, con los colores hacia afuera, con lo que le daría el sol varias horas al día. Otra la guardé en un bloc de dibujo, para usarla de control.
Al cabo de una semana los junté para sacarles foto. La mayoría de colores estaban muy parecidos. Sólo había cambiado el rosa frambuesa, que es un color muy saturado, así que no me sorprendí. Todo bien: devolví el experimento a la ventana y el control al bloc cerrado.

A las dos semanas, el cambio era evidente: la mitad de los colores eran distintos. El amarillo claro, el rosa y el beige habían desaparecido, los rosados se habían aclarado y/o amarronado y el verde lima amarilleaba. Sorprendentemente, el rojo y los azules y violetas ahí seguían.

A las tres semanas empezaba a notarse diferencia en los azules/morados, mientras el resto de colores (excepto el rojo) seguían intentando desaparecer.

Al mes, la cosa estaba irreconocible: los colores fríos ahora eran cálidos (mirad ese verde, esos violetas que van hacia morado) y los azules, que habían aguantado como campeones, perdieron mucho color.

Al mes y medio, el único que aguantaba el tipo era el rojo (y un poco el violeta pastel, aunque estaba más gris que violeta). Creo que nadie les avisó de lo de la luz y degradarse.

A partir de los dos meses los azules desaparecieron, el amarillo que mejor aguantaba el tipo se volvió de un verde raro y el rojo empezó (tras un duro combate) a flaquear.

Conclusiones del experimento:
- Cuando los fabricantes dicen que el color se degrada, no mienten. PERO hay colores que se degradan en una semana y hay colores que aguantan más de dos meses, y la única forma de saberlo es probarlo.
- El factor más importante para la degradación es el color, no la marca: tanto Dr. Ph Martin’s (Rojo, rosa intenso) como Ecoline (Violeta oscuro, beige) tuvieron colores que se estropearon enseguida y colores que aguantaron hasta el final.
- Esto ha sido un speedrun: sol directo de primavera, varias horas al día. Probablemente uno de los colores más resistentes (el rojo, o los violetas) podría aguantar mucho tiempo colgado en una habitación donde no le diera el sol. No me arriesgaría con el rosa, eso sí.
- Las anilinas son uno de los materiales más delicados, pero en general no es recomendable exponer arte original a luz intensa. Si tenéis algún dibujo que colgar en una pared, hacedlo en un sitio donde le dé poco o ningún sol, sobre todo si es a color 😉
¡Y ya está! Espero que os haya parecido interesante, bien para hacer dibujos o bien para conservar los que tengáis. Si os gustan este tipo de posts, os recomiendo mi newsletter: escribo cada quince días con dibujos cuquis, bocetos y otras reflexiones.
