
Cuando la gente de Obscura me contactó para hacer una portada para una novela de Marta Gadrián de aventureras mamarrachas con coñas, tripas y un cierto rollo Rat Queens, pensé ‘mira, si la ha escrito para mí que me lo diga’.
Me pasaron la novela y empecé a explorar distintas ideas, centrándome en el cuarteto protagonista. La que convenció más fue la de ellas cuatro en la taberna tras una pelea: tiene fuego, tiene sangre, tiene fondos.

Oh, no, tiene fondos.
Al componer la imagen delante de una ventana rota podía jugar con la luz y hacer unos contrastes bien majos. Pero también corría el riesgo de empastar y que no se entendiera qué pasaba. Hice un boceto de color y -algo que no hago muy a menudo- un boceto de sombras, para saber qué parte sería la más luminosa (el fondo fuera de la taberna) y qué parte sería la más oscura (el primer plano).
Ahí me di cuenta de que tenía que ampliar el fondo y mover las ventanas del boceto, para que no distrajeran de lo importante, que son ellas.

De hecho, al tener tanta importancia el fondo -se continúa hacia la contraportada- hice algo poco habitual en mí y empecé a colorear esa parte primero, dejándolas a ellas en blanco.

El cuerpo me pedía ponerme con ellas en cuanto tuve los flats (colores planos) del fondo, pero me mantuve firme e hice las sombras, luces y otros detalles (como el brillo del charco de sangre) antes de ponerles a ellas el color base.
Esto va a ser un poco confuso de explicar, pero así me resulta más fácil ver contra qué van a contrastar luego las figuras: si le pongo colores oscuros a la que está sentada en el suelo, se mezclará con el fondo. Si utilizo marrones en la que está detrás de la barra no habrá contraste, etc. Con esa información -y los apuntes de la lectura, que tengo a mano en un cuaderno- decidí qué colores asignarles a ellas.

Luego viene la parte más loca de colorear, donde en tres segundos consigues algo mucho más impactante que las cuatro horas anteriores: aplicar luz reflejada, brillos, sombras… en los personajes principales para separarlos del fondo y darles volumen.
Y, por supuesto, los efectos (magia, manchas de sangre). Aquí os confesaré que lo pasé un poco mal porque en el boceto de sombras había olvidado incluir la magia y tuve que estar un buen rato haciendo y deshaciendo la trayectoria del hechizo para que no me desmoñara el resto de cosas.

(Esta es también la fase en la que ‘maquillo’ a los personajes, un poquito de pintalabios por aquí, sombra de ojos por allá).
¡Y ese ha sido el proceso! Si os llama la atención la fantasía gamberra o las señoras de dos metros con pelazo, tenéis más información (y podéis reservar el libro) en la web de Obscura.
Y si queréis leer más posts como este, tengo una newsletter quincenal que, además de ser gratis, te da regalitos por apuntarte.
